El momento de la verdad siempre llega. Warren Bufett fue hábil matizando que “sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo”.

 
En el camino de nuestra vida no podemos evitar encontrarnos ante situaciones transcendentes, donde será necesario que empleemos todos nuestros recursos personales y materiales para solventarlas. Es en estos casos, que nos ponen a prueba, donde se muestra el verdadero potencial de una persona. Estas pruebas nos ayudan a conocernos de verdad tanto a nosotros como a los demás.

A pesar de lo que a priori pudiera parecer, no estamos indefensos antes los golpes del destino, o la mala fortuna, según queramos verlo. A veces un buen trabajo anterior es lo que marca la diferencia entre quién supera un momento de crisis y el que sucumbe. Y tampoco es la preparación para el hecho concreto en sí, ya que la variedad de situaciones que se nos pueden presentar es infinita. Cuando algo ocurre de vital importancia lo que tiene más peso en su desenlace es nuestra preparación general anterior, todo el conjunto de hechos que nos llevan a un determinado estado mental y físico. No serán únicamente nuestras posesiones materiales las que determinen nuestra capacidad de atravesar un momento delicado con mayor o menor soltura y garantía de éxito. Seremos nosotros.

Hay incluso una actitud ganadora digna de mención. Aquellos que precisamente sacan partido de una situación transcendental o muy delicada que se les presenta. Sería el famoso filósofo Friedrich Nietzsche el que resumió muy bien con una sencilla cita este hecho: “Aquello que no te mata te hace más fuerte”. Hemos de ver un instante delicado como una oportunidad, un buen momento para sacar toda la artillería que hemos construido pacientemente, y utilizar todo el potencial que, día a día, hemos alimentado para lograr no sólo superar el momento clave, sino surgir renovados y más fuertes.

Hay otra persona que me gustaría mencionar como un ejemplo claro de esta superación y fuerza: Stephen Hawking, el famoso investigador y divulgador. Independientemente de los detalles de su historia, de su vida, existe un hecho claro: ante una enorme adversidad su potencial ha sido igual o superior a la misma, convirtiéndose en una persona que ya ha dejado una impronta vital en la historia de la humanidad. ¿Es quizás por una personalidad venida de su genética o bien el producto de un entrenamiento continuo, de una preparación personal? Todo indica lo segundo. Nuestro potencial puede ser alimentado, potenciado, formado, y día a día iremos descubriendo como crece. De esta forma contaremos con la fortaleza necesaria para no ser arrastrados por la marea en los momentos cruciales. Saber que estamos preparados nos permitirá afrontar los retos con garantías de éxito. En los momentos de crisis es cuando se mide el verdadero carácter.


En la actividad diaria hay momentos buenos y momentos malos, “tan solo los mediocres nunca tienen un mal día” (Anónimo).

Alejandro Betancourt - Tan solo los mediocre nunca tienen un mal día
 
Si tu grado de implicación en tus actividades diarias es lo suficientemente intenso, seguramente podrás catalogar dichas actividades como buenas o malas, pero si tu grado de implicación en cualquier actividad no es suficiente para calificarlas ni como buenas o malas, posiblemente no te estarás implicando lo suficiente como para formar una opinión precisa ni realista.

El mediocre siente indiferencia por lo que hace, le importa sólo realizar sus funciones, no su rendimiento en ellas. El que se implica y busca el éxito en su trabajo se sentirá satisfecho sólo si su rendimiento es bueno, con lo cual no estará satisfecho siempre. Es por ello que el primer paso es ser consciente de los resultados y ser consecuente con ellos. Es fácil por tanto sentir la necesidad de decir “hoy tengo un mal día” para aquel cuyo grado de implicación es elevado.

Este sentimiento de insatisfacción proviene de la sensación de haber estado por debajo del rendimiento que esperamos de nosotros mismos. Es un arma poderosa que permite nuestra superación constante. La disconformidad genera dos caminos: el fácil que es el de rendirse, transformándose en conformidad, y el difícil que es afrontarla y obedecer su mandato, superándonos. Si pensamos que nuestro día es malo, que no estamos a la altura, quizás sea momento de tomar el camino de la excelencia con más ahínco. No conformarnos con ello, sino luchar con más energía por lo que consideramos que es superior, lo que hace sentirnos orgullosos. Es por ello que la cita se refiere a los mediocres como aquellos que han tomado el camino fácil, el del conformismo, y por tanto dejan de implicarse en los resultados, se han vuelto cómodos.

Es fácil inferir por tanto que la falta de satisfacción con nuestro rendimiento es un alegato claro a las bondades de la búsqueda de la excelencia. Así que en el momento que tenemos un mal día sabemos que no hemos estado a la altura, y eso debe motivarnos a alcanzar nuestro nivel y superarlo al día siguiente. Los deportistas por ejemplo conocen muy bien este hecho. Cada día es un reto, superar esa centésima de segundo o ese milímetro. Y cuanto más exigentes seamos, más días malos tendremos, pues nuestras metas serán más altas. Y el esfuerzo requerido para obtenerlas será mayor. Pero es esta búsqueda la que nos hace progresar.

No vamos a cambiar un mal resultado, sea en el campo que sea, ni vamos a negar nuestro bajo rendimiento o errores. Sería un autoengaño, y como hemos visto, pernicioso para lograr nuestra excelencia. Hemos de aprender de nuestros fallos y convertirlos en la motivación para el día siguiente. Es esa actitud la que distingue a un ganador de un mero sufridor. El destino es el que uno se forja, incluso en tiempos de poca fortuna.


Ya lo decía Lincoln. Es muy difícil que alguien gobierne a otra persona sin su consentimiento.

 

Existen muchos modos de ejercer poder sobre otra persona. La obediencia en el menor de los grados está basada en relaciones de fuerza y jerarquía, pero el modo más poderoso de ejercer influencia y poder sobre un individuo consiste en que este quiera ser gobernado por el líder en cuestión, de modo que adopte sus mismas ideas. El poder con consentimiento goza del don de la legitimidad, con lo cual no se cuestionará por parte del individuo sobre el que se ejerce, aumentando la probabilidad de que perdure en el tiempo y de que sea estable, e incluso, rechazando las situaciones y contextos en los que se pueda estar fuera de los límites de este “poder legitimado”.

La reflexión de Lincoln no es solo aplicable al ámbito politico. El liderazgo empresarial es sin duda otra de las claves del éxito.

Todos los lideres efectivos han sido capaces de hacer participes de su visión y objetivos a las personas responsables de su ejecución en sus organizaciones, y estos a su vez, tras hacerlos suyos, son capaces de transformar esas metas en resultados excepcionales.

La motivación es esencial para el éxito, estudios recientes han demostrado que aunque la retribución y los incentivos económicos siguen siendo un factor determinante, el sentido de contribución a un objetivo común asumido como propio es complementario y en ocasiones puede ser incluso una fuente de más efectiva de motivación.


Antonio Machado escribía: “si es bueno vivir, todavía es mejor soñar y, lo mejor de todo, despertar”.

Alejandro Betancourt citas favoritas: Si es bueno vivir, todavía mejor es soñar
 

Tener objetivos, metas y sueños es clave, da sentido a nuestra vida, y es una de las principales fuentes de motivación del ser humano. pero no debemos permitir que nuestros sueños nos hagan perder el contacto con la realidad. Hay que soñar, sí, pero con los pies en la tierra, manteniendo el contacto con la realidad y asumiendo el mundo tal y como es para de esa manera transformar en la medida de lo posible los sueños en realidades. 

Los sueños son indispensables para establecer metas que tengan el poder para motivarnos de verdad. Es indudable que si nuestras metas son mediocres nuestros resultados en la vida también lo serán. A la hora de fijar objetivos no hay que auto-limitarse. Hay que soñar y vernos a nosotros mismos dentro de esos sueños, experimentar las sensaciones de éxito, contribución, crecimiento propósito, etc. que nos dará alcanzarlos. Para acto seguido, eso sí, bajar de nuevo a la realidad y fijar un plan para preciso para conseguirlos, y ponernos manos a la obra con todas nuestras capacidades. Manteniendo nuestro corazón en el sueño, pero usando nuestra mente para evaluar lo que funciona y lo que no, cambiando nuestra estrategia consecuentemente e incluso nuestros sueños y siempre disfrutando del camino.

Si conseguimos sueños ambiciosos a la vez que nos mantenemos despiertos y aplicamos todo nuestro potencial y pasión a conseguirlos un día despertaremos y ya no serán sueños, se habrán convertido en realidades.